domingo, 14 de febrero de 2021
¿Fue Cervantes andaluz?
-Jorge Manrique, del que se sostiene hace mucho tiempo que podría haber nacido en Segura de la Sierra (Jaén), pueblo, del que fue su padre comendador y en el que se celebran jornadas sobre su figura y hasta se le ha erigido una estatua.
https://www.elmundo.es/andalucia/el-caminante/2018/04/24/5adefbc0468aeb574f8b4611.html
https://elpais.com/diario/2003/04/05/andalucia/1049494957_850215.html
-El anónimo autor de El Lazarillo de Tormes, cuya autoría se reclama para el escritor Diego Hurtado de Mendoza, nacido en Granada en 1503.
https://elcultural.com/El-Lazarillo-no-es-anonimo
https://parnaseo.uv.es/lemir/Revista/Revista15/10_Agullo_Mercedes.pdf
-Miguel de Cervantes, que tuvo ascendencia cordobesa por parte de su abuelo Juan Cervantes, su bisabuelo médico y también cordobés y su tío materno, Andrés de Cervantes, que fue alcalde del pueblo de Cabra (Córdoba). Algunas teorías, aunque traídas por los pelos, dicen incluso que el célebre escritor pudo haber nacido en Cabra, cuando su padre, el cirujano Rodrigo de Cervantes fue a tal pueblo a pedirle empleo a su hermano Andrés. Es muy improbable, pero interesante de investigar.
https://www.lavozdelasubbetica.es/articulo/subbetica/cervantes-subbetica/20201029101804021390.html
https://www.todoliteratura.es/noticia/53315/firma-invitada/nuevos-documentos-sobre-el-alcalde-ordinario-de-cabra-andres-de-cervantes-juez-de-quintos-y-de-montes-tio-patern
En conclusión, pues las dos primeras teorías están bien avaladas, se podría concluir que los andaluces tuvieron un gran papel en la literatura española más remota, aparte de los reconocidos Francisco Delicado, autor de La lozana andaluza, natural de Córdoba, Vicente Espinel, autor de "La vida del escudero Marcos de Obregón" (Málaga), Pedro Espinosa (Antequera), Luis de Góngora (Córdoba), Mateo Alemán, autor de"Guzmán de Alfarache" (Sevilla), Luis Vélez de Guevara (Écija) autor de "El diablo cojuelo", etc... Pues de aproxima el Día de Andalucía conviene recordar el gran papel que tuvieron los andaluces en la Literatura Universal.
lunes, 1 de febrero de 2021
Historia de dos hermanos
HISTORIA DE DOS HERMANOS
domingo, 31 de enero de 2021
UNA HISTORIA INMORAL

SOBRE MÍ
Licenciada en Filología Clásica y
Española por la universidad de Granada, cursé estudios de doctorado,
especializados en Literatura Española, adscritos al Programa “Lírica, Narrativa
y Teatro: Teoría, Historia y Metodología (Siglos XVI-XX)” en
Posteriormente, llevé
a cabo estudios superiores de lengua y cultura italiana en la universidad
de Perugia (Italia) y de lengua y
cultura francesa en la Universidad de Montpellier (Francia).
He colaborado habitualmente en prensa desde 1996, en diarios y revistas locales como
-“Sur”, “Variaciones” y “Antequecultura- hasta 1999, año en el que se fundó “La Opinión de Málaga” del grupo Prensa Ibérica, donde tuve un espacio
semanal durante veinte años, además del blog
“Las malas lenguas”; http://blogs.opinionmalaga.com/lasmalaslenguas/
Y he publicado artículos en cada
número de la revista “Bulevar de
Málaga”, desde su creación en
2007 hasta su cierre a finales del 2012.
En marzo de 2010, obtuve el premio
Ateneo de Periodismo Universidad de Málaga, Augusto Jerez Perchet, por el
artículo “Dichoso aquel”, en memoria
del poeta antequerano, José Antonio Muñoz Rojas.
A su vez, cultivo el relato breve,
donde he obtenido algún reconocimiento.
He quedado finalista en el I Concurso Nacional de Relatos 2009, “Mujeres viajeras”, patrocinado por la
editorial Casiopea, por mi relato “Nunca regresaré a Ítaca” y obtenido el Segundo Premio en el I Certamen Nacional de
Relato “Sonrisa de gato” 2009, convocado por la editorial “Jirones de azul”
que colabora con la asociación
protectora de animales “No me abandones” por mi relato “Fidelius”.
En noviembre de 2010, recibí el Tercer Premio de
Relato Breve, “Mujer trabajadora; ayer, hoy y mañana”, convocado por CC.OO., con
el relato epistolar “Mi querido
desamor”.
En enero de 2011, fui nombrada finalista en el XLIV
Concurso Literario “Casino obrero de
Béjar” por mi relato, “Béjar en el
corazón”.
En mayo de 2012, publiqué mi primer libro de
relatos “Sola en el Mundo (El libro de las mujeres contado por ellas mismas)”,
editorial Alhulia.
En Julio de 2013, recibí el Premio Nacional de
Relato Breve “Joaquín Lobato” por mi relato humorístico “Quien bien te quiere”.
En Noviembre de 2013, gané el XVIII Certamen
Internacional de Relatos “Fundación Gaceta” (Salamanca) con el relato “El hombre inconcluso”.
En mayo de 2014, fui premiada en el XIV Certamen
Nacional de Declaraciones de Amor “Dime que me quieres” organizado por el
Ayuntamiento de Málaga en colaboración con su red de bibliotecas por mi relato “Pablo (masculino y singular)”
En junio de 2014, fui coautora de la antología de
relatos “La primavera, la sangre altera”, publicado por Diversidad Literaria.
En Septiembre de 2014, volví a quedar finalista en el VI Concurso Internacional de
Relatos “Mujeres Viajeras” por mi relato “Ariadna en Naxos”.
En Abril de 2015, fui finalista del XV Certamen
Nacional de Declaraciones de Amor “Dime que me quieres” e igualmente
finalista en el Premio Internacional de
Cuentos “Max Aub”.
En Septiembre de 2015 volví a quedar finalista en el
VII Concurso Internacional de Relatos “Mujeres
viajeras” por mi relato “Un amor
bajo el sol de Nápoles”.
En abril de 2016 publiqué simultáneamente dos libros. La novela infantil “NadaDora y Boquerón” (editorial Seleer) y el libro de Humor “Masculino Singular” (editorial Alhulia)
En febrero de 2017 fui coautora del libro de relatos “Cuentos marengos” (Ed. Azimut)
En abril de 2017 me fue notificado el primer premio a nivel local del
Certamen de Declaraciones de amor “Dime que me quieres” y publiqué el libro infantil “Principiana y Ceniciento” (ed.
Exlibric) y la novela negra de humor “La
confesión nefanda del asesino improbable” (Ed. Alhulia).
En diciembre de 2017 publiqué el libro de relatos "El
horror es mío (cuentos de humor y pavor)" (Ed. Alhulia) en febrero de 2018 apareció publicado
mi relato "Lolita" en la
antología de cuentos eróticos, "Vuelta y vuelta" (Ed. Azimut) y en diciembre de 2018 contribuí con dos
relatos; "Audrey contra Marilyn" y "Che, Pelado" a la antología de relatos "Siete Salas" de Editorial
Azimut.
En abril de 2019 publiqué la novela histórica "Un
invierno en el Paraíso";
una trama en torno a la Escuela de Bellas Artes de Málaga en el siglo XIX
(Ediciones del Genal).
En mayo de 2019
participé en la antología de relatos "Pasaje Begoña. Contaré lo que
fui" de editorial Algorfa con dos narraciones.
Fui presentadora del ciclo histórico “Málaga eterna”, organizado por la Diputación de Málaga durante el mes de octubre de 2019.
En febrero de 2020 fue publicado mi libro infantil “La gata con gafas” (Editorial Exlibric)
En julio de 2020 recibí el premio de relato, “Plaza Ochavada” de Archidona por el cuento “A buenas horas, hijo mío”.
Mi libro de relatos “Historias de la vida puñetera”, publicado en la colección Monosabio (Ayuntamiento de Málaga), vio la luz en diciembre de 2020.
Estoy incluida en el Catálogo de Escritoras Andaluzas,
publicado por el Instituto de la Mujer.
miércoles, 27 de enero de 2021
Un milagro en la vida
Aunque la expulsaran pronto del colegio y no volviera a verla más, se quedó para siempre en mi vida. Era una profesora peligrosa que hacía pensar y soñar, por eso debieron echarla y porque era preciso que ella nunca envejeciese en mi recuerdo.
Fue y será la mujer más joven que he conocido: con sus veinte y poco años de recién licenciada, sus camisas coloridas, sus vaqueros de campana, su pelo corto, sus parpados pintados de intenso azul sobre sus ojos elocuentes y esa manera de contar entusiasta que hacía que la vida fuera solo presente, incluso la de un escritor que nació en el siglo XII. Yo no supe hasta entonces quién era Gonzalo de Berceo, ni siquiera que me gustaría saberlo, ni mucho menos que alguna vez estudiaría con tanto placer que no pareciese sino que estuviese de paseo en una tarde luminosa de primavera o disfrutando de una sesión doble de cine, o mejor aún, porque nada que hubiese hecho hasta ese momento podía gustarme más que escuchar a mi profesora de Literatura y, al llegar a casa, leer en las páginas del librote de texto qué nuevo autor sucedería, por ejemplo, al Arcipreste de Hita, o cómo sería el estilo literario del nuevo tema: El Renacimiento. Adelantaba contenidos por mi cuenta como aquellos que están enganchados a una serie y quieren saber sin dilación cómo va a continuar.
En aquel momento tenía doce años y una reputación bien justificada de alumna distraída, de modo que a mis padres se les hacía extraño verme tan enfrascada en un libro de texto y ni se podían sospechar que estuviese atenta durante toda una clase para guardar con codicia cada palabra que decía una profesora, pero ellos no sabían que ella no era una profesora, sino la profesora, a tal punto que me planteaba si alguien había podido transmitirme algún conocimiento antes de conocerla a ella, que fue, además, la que consiguió que me conociese a mí misma. Esa niña de doce años, que era yo, desorientada y torpe de pies y manos, vivía mortificada por sus complejos sin hallar un motivo que justificase su existencia. Era, en suma, un patito feo, que se siente marcado por la diferencia entre quienes deberían ser sus semejantes: los hermanos, las compañeras…
Yo no sabía hacer nada de mérito ni los ejercicios gimnásticos ni las labores de costura y todas las materias me aburrían, no comprendía a los profesores, hasta que llegó la profesora y me mostró una habilidad, que yo desconocía en mí: leer textos con todo mi corazón y también llegar a construirlos. Resultó así que descubrí que mi rareza era compartida por otras personas y que, al encontrarme con ellas, me podría dejar de sentir tan diferente y tan frustrada. Así me lo hacías ver, profesora, cuando me hablabas de los escritores: toda aquella gente rara que resultó ser mi tribu y, como el patito feo, me ilusionaste con la idea de que yo no era un pato, sino un cisne.
— Cuando llegues a la edad precisa, lo comprenderás. Has de seguir escribiendo, pero, sobre todo, no dejes de leer. Lee todo lo que puedas. Algún día nos volveremos a encontrar, tú serás una buena escritora y yo estaré muy orgullosa de haberte mostrado tu propio camino.
Eso me dijiste, Inmaculada, poco antes de que te expulsaran del colegio. A las monjas no les gustabas mucho; ni tu manera de vestir tan desenfadada con tus vaqueros de campana y tus camisas coloridas, ni ese maquillaje tan azul que cubría tus párpados, ni esa manera de dar clase de pie, apoyándote en la mesa, en lugar de sentarte en la silla como los demás profesores. No les gustaba tu frenético entusiasmo al explicarnos los temas, ni que nos pusieras los casetes de Paco Ibáñez que musicaba los poemas de Góngora y Quevedo, ni que nos hablases tanto de poetas fusilados o exiliados y nos presentases con tanta ilusión las aspiraciones de la poesía social con Blas de Otero y Gabriel Celaya al frente y nos anunciases pletórica la libertad que inauguraba la democracia. Se suponía que todos habíamos aceptado la Transición, pero en ello había un fondo de hipocresía y tú no sabías disimular ni mentir, eras toda franqueza y transparencia: Esa nota de color y de luz que resulta tan discordante en un ambiente tan oscuro; así que te expulsaron.
La Literatura después, en manos de una profesora cansina, metódica y aburridísima, a punto de la jubilación, llegó a ser tan árida como las demás materias: sólo fechas y nombres de unos y de otros no; los censurados. Yo no atendía casi nada en aquellas clases plomizas, pero, al llegar a casa, leía el libro de texto y me imaginaba que tú me lo ibas explicando.
La vida ha dado muchas vueltas y, sin embargo, nada me pudo apartar de la idea de secundar tu labor. Ahora soy también profesora de Literatura e imito tu pasión y tu entusiasmo. Ojalá pueda encontrar cisnes entre los patitos feos y contagiar de luz esta época aun más oscura que la tuya.
La vida no nos ha vuelto a reunir, aunque nunca he parado de buscarte. Después de leer mucho, me lancé a escribir en serio y creo que, con sus más y con sus menos, he encontrado un espacio. Necesito decírtelo, profesora, para que sepas que he cumplido mi promesa, que te debo a ti ser lo que soy y te estoy inmensamente agradecida, pues si no hubieses llegado nunca a mi vida, todavía estaría dando palos de ciego. Hay personas que dan clases por ganarse un sueldo e incluso ejercen su oficio de modo desganado, pero, por fortuna, existen los profesores vocacionales, como tú, que les enseñan a los alumnos lo que son y lo que pueden. Gracias a ti, a los verdaderos profesores, encontramos el auténtico espacio los seres humanos. Un buen docente es el mayor milagro que nos puede suceder en la vida.
domingo, 27 de diciembre de 2020
LA GENEROSIDAD DEL HUMORISTA
Si hay un adjetivo que pueda definir a Enrique Gallud Jardiel, este sería generoso. Lo demuestra por escribir al ritmo ultra-prolífico de un libro diario, multiplicarse como los panes y los peces en todos los géneros literarios, subirse a las tablas de los escenarios y hasta atender a los amigos pesados, que, me temo, somos tantos como su paciencia para pedirle un prólogo o una reseña. Voy ya por la quinta línea y me salen dos adjetivos más para Gallud: prolífico y paciente y si sigo por este camino me podrían salir tres docenas más, todos de carácter elogioso, con lo cual esto en lugar de un prólogo parecería más bien un panegírico o ,mucho peor, un epitafio: ese tipo de textos aborrecibles que se les escriben a los presuntos amigos, cuando ya no te pueden oír, para que el resto de la humanidad se entere de lo buena persona que eres y del honor que te toca por haber tenido relación con una persona ilustre: un acto, en fin, de vanidad repugnante, valga la redundancia, sobre todo, si le hablas en vocativo y para colmo eres ateo, con lo que te ganas la medalla de honor del cinismo, máxime, si en vida no le has hecho el menor caso, como suele ocurrir. No es el caso, porque yo a Gallud lo tengo siempre muy en cuenta –aunque él podría decir, con todo derecho, que en especial para pedirle favores, que no lo dirá, pues es muy discreto (otro adjetivo más, mecachis) –. Pero, en fin, a lo que iba, hay más personas que adjetivos por cada comunidad hablante y habría que repartirlos con justicia y equidad. O sea, cada cual debería tener el suyo y algunos ni eso. El adjetivo debería ser una mención de honor para quien hiciese los méritos necesarios. El adjetivo honorífico es mucho mejor que una estatua y más higiénico, porque en él no se cagan las palomas ni vienen a agredirlo los adolescentes vándalos y borrachines con pintadas humillantes.
Yo a Gallud en este prólogo le concedo el adjetivo
“generoso”, porque conviene también con la materia del libro “Cómo escribir
humor” (editorial Pie de página, 2020), sin menoscabo de atribuirle otros en
las demás reseñas y prólogos de los próximos cien o doscientos libros que
escriba (que saldrán a la luz ya mismo). Y le dedico tal adjetivo porque no hay
mayor generosidad que la de publicar las claves y secretos de lo que se
escribe, instruyendo en ello a los que pueden significar la avalancha de la
competencia. Una cosa sin mérito- me diréis- porque hacerle la competencia a
Gallud es dejarse la vida en ello. Sus días tienen cuarenta y ocho horas, sus
semanas, una temporada entera, y cada uno de sus meses, un año bisiesto. Cuando
vas a publicar un libro, él ha publicado ya cuatro anteayer y va derechito a por
los próximos cuatro; que dicen que hasta Félix Lope de Vega, el fénix de los
ingenios, que escribía una comedia cada noche y la estrenaba al día siguiente,
anda loco desde el más allá, preguntándose de dónde ha salido este hiperactivo
de las letras que se atreve a hacerle sombra y encima conserva el pelo y las
piezas dentales, caramba.
No podría yo responderle a tan ilustre dramaturgo, pues esa
misma pregunta me ronda desde hace tiempo. La respuesta podría residir en que
es un extraterrestre, mucho más espabilado que aquellos que nos presagiaban
para el siglo XXI, verdes y con antenas, y con muchos más resabios que el Gurb
de Mendoza (jolín, otro adjetivo, “extraterrestre”. No doy una.). Pero sí, algo
de eso tiene que haber, escribir libros de humor y tan seguido resulta muy
complicado, por más que él lo sintetice en este manual. El humorista, es, por
lo general, una criatura empachada de obras serias, que, para rizar el rizo,
las parodia. Conoce sus recursos, pero se le presenta un gran aburrimiento al
intentar lo mismo y se dedica a transgredir con sus recursos diabólicos:
adynaton, anacoluto, busilismo, disfemismo, políptote, metalepsis… que, contra
lo que pueda pensar una mayoría, no son medicamentos ni enfermedades orgánicas.
El humorista, en fin, distorsiona, pero tiene que conocer bien qué ha de
distorsionar, como aquel pintor de arte abstracto, que, con pleno conocimiento
de Tiziano, Velázquez y compañía hace unas Meninas estrambóticas y viene a
llamarse Picasso, con lo cual queremos decir que quien no conoce la pintura
clásica, no transgrede sino que emborrona e igual le ocurre al literato
diletante; rellena páginas como quien rellena morcillas. No es eso, no es eso,
como diría Ortega y Gasset. Hay que conocer la tragedia para escribir la
comedia y poner a los héroes en zapatillas. Con ello escribió Aristófanes “Las
nubes” y se atrevió a describir a Sócrates como un chalado, como el propio
Gallud en sus historias cómicas ha puesto a caer de un burro a personalidades
de la política, el pensamiento y las artes, sin dejar títere con cabeza.
Está muy bien ser transgresor, mas antes hay que conocer lo
que se transgrede y cómo; lo demás es mera baratija. A mí, especialmente, me ha
gustado mucho la mención de Gallud en este libro de “Las mil peores poesías de
la lengua castellana” de Jorge Llopis. Aquel
autor conocía muy bien la tradición de la poesía española e imitaba en tono felizmente
paródico a todos nuestros autores sagrados. Nunca pensé que me podría reír por
una parodia de mis adorados Antonio Machado y García Lorca, pero lo hice (y
mucho). No los he traicionado empero porque el humor es reírte de todo: de tus
referentes y, más aún, incluso de ti mismo.
El humor es un acto inmoral, anárquico; el único reducto de
libertad que nos queda. Debemos venerarlo, porque lo necesitamos para
sobrevivir. En estos tiempos retrógrados, donde lo políticamente correcto, nos
coarta la libertad de expresión, hay que reivindicar el humor como bandera.
Tenemos muchas razones para llorar y muy pocas para la risa por estar, además,
perseguida, pero dejemos que fluya y nos ensanche los pulmones ¿Qué otra cosa
nos queda?
Gallud nos indica en este impagable manual dónde encontrar el
humor y cómo escribirlo. Observemos estas pautas y brindemos al resto de la
humanidad el don preciado de la risa. Es el mayor acto de generosidad y así lo
ofrece Gallud el Generoso. Vamos.
Lola Clavero
Málaga, 26 de diciembre
de 2020 (un día de demasiado frío para esta ciudad templada)
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Hoy he ido a la calle Alonso Heredia a felicitar a mi padre por su cumpleaños: -Felicidades, papá- le he dicho- hoy cumples noventa años. É...




